El gobierno de España decreta Estado de Alarma, todas las personas deben de permanecer en sus casas, sin salir nada más que a lo que se puede considerar imprescindible.La vida se redujo al ambito de las paredes de casa, y las ventanas, bajar al supermecado, y cambiar la forma de vivir el tiempo.
La primera semana me sentí como si estuviese en una cárcel, y pensé que quizá debía de plantearme cómo adaptarme a una realidad que no era elegida, y que iba a tener que afrontar… Después de ese primer momento, llegaron nuevas sensaciones, volver a disfrutar del tiempo, poder leer, aprovechar para ver películas, cocinar y comer rico, tomar un rato el sol en la ventana, subir y bajar escaleras, estar mucho tiempo con Sofia, que tenia dos años y tres meses. Volver a convivir con la pareja y pasar muchas horas en el mismo escenario. Las sensaciones fueron contradictorias, aburrimiento, angustia, video llamadas de zoom-bados, pero también de poner valor en las cosas más pequeñas. Reconozco que ver durante unos instantes cómo el ritmo frenético del mundo paraba, y ver todas las ciudades occidentales vacías, me produjo una sensación de estar viviendo un sueño, pero a ratos era una pesadilla. Cuántas veces he deseado que se parase todo, y cuántas veces he deseado que se volviese a reiniciar…